Era de madrugada, afuera, las hojas del árbol que acariciaba el balcón bailaban a ritmo suave. Un grito rompió el silencio. Mi madre, azul de asfixia, despertó rápido. Sus dedos blancos raspaban las superficies del departamento, cayó la lámpara de su mesa de luz mientras ella se arrastraba con fuerza por el piso hasta llegar al teléfono. No marcó, permaneció con el escondido entre sus largos mechones rubios. Desde la ventana, la luz de la noche pálida entraba rasguñando el piso, haciendo sombra con el árbol que acariciaba el balcón. La lámpara rota titiló apurada un par de veces antes de callar. Mi mamá, enroscada con el cable del teléfono salió al balcón, dijo algo: algo que acaso ya nadie recuerda, y mordió el cielo con la boca. Brotó de él un líquido espeso y agrio que manchó su cuello y su camisón. De repente todo acabo, el sonido seco del mordisco enmudeció todo, el mundo pareció parar, tan solo un pitido permaneció atrás de ella, antes de que se nublara la noche.
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jueves, 9 de junio de 2022
La noche que mi mamá mordió el cielo
Era de madrugada, afuera, las hojas del árbol que acariciaba el balcón bailaban a ritmo suave. Un grito rompió el silencio. Mi madre, azul de asfixia, despertó rápido. Sus dedos blancos raspaban las superficies del departamento, cayó la lámpara de su mesa de luz mientras ella se arrastraba con fuerza por el piso hasta llegar al teléfono. No marcó, permaneció con el escondido entre sus largos mechones rubios. Desde la ventana, la luz de la noche pálida entraba rasguñando el piso, haciendo sombra con el árbol que acariciaba el balcón. La lámpara rota titiló apurada un par de veces antes de callar. Mi mamá, enroscada con el cable del teléfono salió al balcón, dijo algo: algo que acaso ya nadie recuerda, y mordió el cielo con la boca. Brotó de él un líquido espeso y agrio que manchó su cuello y su camisón. De repente todo acabo, el sonido seco del mordisco enmudeció todo, el mundo pareció parar, tan solo un pitido permaneció atrás de ella, antes de que se nublara la noche.
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