jueves, 9 de diciembre de 2021

Yo vi

 Yo vi canales rompiendo las calles de una ciudad en Bélgica. Vi después, en una foto, mi campera abombada rosa chicle y como combinaba con mi pantalón. Yo vi difuso cuando en Bélgica me dio fiebre, luego de caerme al canal. Yo vi a mi mamá frotar el brazo de mi papá porque tenía miedo. Vi cosas que no sé si fueron reales o parte del delirio.


Yo vi escaleras altas, vi cuadros enormes que llenaban paredes enteras en museos europeos. Vi por la tele casas más pequeñas donde vivía la gente pobre y pensé que seguro los cuadros eran más grandes. 


Vi a mi hermano llorar cuando todos los diciembres tocaba sacarnos la foto con papá noel. Lo vi llorar cuando le pusieron su disfraz de dinosaurio. Lo vi sonreír poco y enojarse bastante. 


Por momentos no vi cosas, mi infancia es un lago profundo donde nada es lo suficientemente largo para tocar algunos recuerdos. Pero sí veo gritos, entre adultos, en la calle, en las cosas. En la escuela vi muchos azulejos parecidos y muchos adultos con el ceño fruncido. 


Después de eso vi un chico que me gustó mucho, que era mi amigo, que era mi único amigo. Me enamoré de él hablando todos los sábados por videollamada, mientras él fumaba cigarrillos y yo le mostraba como tocaba el piano, pero a veces, apagaba el micrófono. 


Vi el nombre de ese chico tallado en mi brazo. Mi mamá no lo vio hasta que mi psicóloga me dijo que se lo mostrara.


Vi chicas tiritando en la entrada de una fiesta. Vi luces densas y paredes negras. Vi amigas intrépidas bailando daddy yankee. Vi hombres encerrarlas en baños. Entre todo el borrón acuoso que me dio el whisky vi algo: vergüenza en los ojos. 


Vi los escondites más recónditos. En el boliche, una esquina con dos butacas, el punto ciego.


Vi a mi mamá llorar en el baño mientras fumaba un cigarrillo en el bidet y se tapaba los ojos con el flequillo. Sobre todo vi su temor a perderlo todo. 


Vi a la derecha ascender y travestis muertas en la televisión. Vi carteles pidiendo justicia y calles multiplicadas por gritos ahogados. Entre sus cuerpos vi la fuerza que nos sostenía de pie. Quizás no vi algo tangible pero el ojo es un artefacto que a veces traiciona. 


Vi guerras inútiles y sangre en las calles, un niño que encontraron en la orilla de una playa en Turquía. Vi violencia y gente muerta amontonada en cajones, vi mujeres gritar porque tenían hambre.


Vi las mejores mentes de mi generación arruinadas por un pixel. Vi vidas falsas que adornaban la mentira. Vi mi vida en fotos perfectamente retocadas por las mejores aplicaciones de make up. Vi distorsionado cuando el muchacho tiró esa pastilla en mi vaso y me desperté en un cuarto que no era mío.


Ahora, las cosas miradas de cierto ángulo pueden cambiar siempre. Ahora veo que la mesa es mesa y el gato tiene cuatro patas y cola. Pero ¿debo confiar en lo que veo? 



martes, 20 de julio de 2021

llueve en la terminal A

 hay cansancio
en la bruma que exhalan:
están en la fila inquietos 
acribillando el papel contra el suelo
una escala de grises sin medio del que agarrarse
el avión ilumina los carros apurados que van y vienen
esta desolado un bebe gira su cabeza mordisqueando
el muñequito de acción que cayó de la torta
un mundo sin destinos, una pausa errante
un camino de carteles
banderines que gritan “libre” “libre” “libre”
liebre bailando entre las ramas, el musgo acaricia los canales
cadena de montaje
recibe su ticket, lo cose a su camisa y sigue girando
el sol escupe rayos casi tímidos
no llegan a tocar el piso en cambio
viene el estruendo, el grito desesperado
la mucama escurriendo un trapo
el sobretodo goteando sangre caliente
suspira de cansancio el taxista que duerme
al costado de la autopista
esta todo en la nada, no existe cambio
posibilidad de hacer un fuego
encorvando el cuello hacia arriba
y solo encontrar puro cemento
          algunos hierros
doctores apuntan con pistola
a su cara, se arrodilla cansado
en su campera cien bolsillos
ninguno cierra el ciclo largo de ser rufián
palabrerío inutil, cartel neon, flecha desdibujada
ininterrumpido llanto
viene del baño
huele a cuerpo herido
rechazado
camina lento, sin zapatos, lleva una valija
abierta
caen telas animal print, anteojos de sol
un boleto
cortado a la mitad vuela
se confunde con las nubes
llueve en la terminal A. 

martes, 1 de junio de 2021

ODIO QUE LOS OBJETOS ME HABLEN

Más veces que nunca me olvido de almorzar. El ramo de rosas en el jarrón de la esquina me pide que lo ahorque y lo coma. La heladera se angustia. 

Odio que los objetos me hablen.


Me lavo el pelo con suspiros para no arruinarme las uñas pintadas de verde. Ella sabe charlarle a su estómago para que no grite tan seguido. Le escribe cartas: sin errores ortográficos.


En el taxi la lengua me baila entre las muelas y me chupo los pedacitos de vidrio entre los dientes para que sangren. Contra la calle negra la aguja de mi taco revienta grietas. Las vuelve agujeros, finos y exactos, donde hormigas huérfanas arman una casa. 

Amo que los objetos me hablen.


Un viento sucio me tapa los oídos. Se enfría el piso de cerámica. Erré pensando que el labial me iba a durar todo el día. Para qué quiero un renglón si lo que digo no tiene línea. 


El revés de tu puerta no tiene marcas, ni siquiera un cartel trucho de bazar barato. Cuando el sol me quemo vos estabas yendo para aeroparque. 

Azafata de destino múltiple, ¿cuánto rechazó le tenes al suelo? 


Apagué el velador demasiado temprano. Una moto estacionada en la entrada me pego un cachetazo. La cicatriz tiene la forma de un rayo.

Y yo que estoy tan deshecha que la curva se convirtió en esfera. Siempre quise un espejo vacío. Mi mama los tapaba todos. 


¿Es verdad eso de que el mar se agranda llegando al horizonte? No veo más allá de mis pies clavados en la arena que me tensa los zapatos. El cordón se hunde y no lo encuentro ¡Me llama! Me pide que lo                                                                                

                                                                     l i b e r e


¿Acaso soy una tonta por resurgir de la pelusa más gris, del tomate más podrido?

Cuando la pulga pique en mi colchón el fuego me derretirá los pulmones.  


La golosina de tu infancia es como una boda sin tortas ni flores. 


miércoles, 14 de abril de 2021

Ceremonia Secreta

Tomábamos  ron con coca barato en un bar escondido en una galería. El único en el que nos permitían tomar alcohol. Ellos reían y contaban anécdotas del entrenamiento de rugby. Yo, la única mujer entre esa marea de camisas a cuadros, tomaba de la pajita y aprovechaba para mirarles a cada uno bien la cara. Paraba en la del muchacho que me gustaba, siempre vibraba por alguna y cada noche era uno distinto entonces nunca me molestaba en hacer un lance. Usaba un pintalabios violeta  del que ahora me daría vergüenza verselo a alguien mas y me sentía una cuarentona recien divorciada cazando a un ciervo asustado. Mis ojos se dispersaron entre el alcohol y los carteles neón que iluminaban pobremente al sucucho. Cada tanto levantaba la cabeza ante algún comentario cómplice que me hacían mis amigos cuando mi celular sonó y mi vista se mantuvo hacia abajo, contenida, hipnotizada por el brillo de mi celular.

  • ¿Vamos para tu casa?

Leía el mensaje. Con media sonrisa levanté rápidamente la cabeza y encontré sus ojos. Su mirada me devolvió la pauta de que no era un juego. El que yo había elegido, esa noche, Él, no cualquier otro, el. Por supuesto, éramos jóvenes y él todavía era virgen. A mi me hacía sentir poderosa saber que era yo la maestra de llaves de toda la situación. No solo de Él, sino de mi casa, mi cama, mis sábanas que dejaran el olor de la victoria que me llevaría esa noche. 

Fue pésimo. Tan pésimo que a pesar de todo, a pesar del ciego amor que le tenía le pedí que se fuera. Mantuvimos una amistad sin demasiados conflictos y otros encuentros más. Nunca le dije cómo me sentía, siempre jugaba a ser la desinteresada. 

La semana pasada lo volví a ver, después de tantos años. Sus lanas rubias seguían intactas y finas cayendo por el costado de sus hombros escuálidos que sostenían una campera uniqlo. Su cara seguía casi igual, con los rastros de su acné adolescente y los brackets de los cuales no pude asegurarme si seguía teniendo o no. Nos ignoramos, estuvimos petrificados los tres minutos que el semáforo se mantuvo en rojo. Cuando empezamos de nuevo el camino, yo pegue saltitos para pasarlo y que disfrutara ver mi majestuoso culo una última vez. 


miércoles, 31 de marzo de 2021

LIMPIANDO LOS TENEDORES DE MI CASA


“Lunes 22/02 de 2020 veintidós treinta de la noche. Estrellada y calurosa la temperatura se mantendra en 30 grados centígrados toda la noche y aqui estaremos en star efe eme para seguir acompañándote con los mejores clásicos”

se esto porque lo escuche en la radio 

hace seis meses no me baño


hace seis meses estoy limpiando los tenedores de mi casa

porque no empiezo otra tarea sin antes terminar otra


me trueno los dedos para disimular el cansancio:

grito para ver si mis vecinos me escuchan

¿PORQUE ES TAN TERCA LA NOCHE QUE NO AMANECE ANTES QUE SALGA EL SOL?


Ahí

en la esquina donde se rompe mi visión perimetral

caen las gotas de la humedad que habita mi techo.

Tengo sed. Me hidrato falsamente de las gotitas que caen, me alimento de las sobras que guarde bajo mi uña.

Frente sudada, dedos cortaditos a cuchillo de los que

brotan semillas que siembran la bacha

me atraganto con la esponja

la meto en MI boca porque no debo hablar mas de la cuenta. 


Mis pies son pantano 

por los costados sube el olor a barro y lavandina

 la mugre mezclada con la intención 

de que estes aca

fregando cual maniático el piso 

abroquelado.

Si pido perdón, miento

si doy las gracias, vomito. 


Si dejo de fregar,

        ¿dejara mi cuerpo de funcionar cual

        motor perfecto que solo sabe cumplir su tarea única?

Si me cuestiono un poco mas, 

                                ¿se calmara mi ansia de seguir existiendo en este estado tan paciente y putrefacto?

¿Vendrá ese hombre que conocí la semana pasada a tocarme la puerta y sacarme de este monologo interno que me acomoda entre la muerte y la existencia? 

¿Merezco soñar estas premoniciones tan osadas?

Digo la muerte porque pido la muerte. Pido la muerte en vida. O cualquier cosa que se parezca a ella. Pido vivir en un presente transparente, carente de color. Despido la vida, 

despido esta piel que ya esta arrugada

rendida bajo telas blancas

intento señales de humo por el balcon y suena la alarma de incendios

se frena la alarma se frena -de a poco- el latido en mi pecho

me rindo

se rinde ante mi el silencio que habita

sonrio me caigo y

todo se vuelve negro. 


Venganzas II: una nueva esperanza

(Este es un cuento que escribí en mi primer año de la facultad y que se suponía tenia que ser otro punto de vista a partir de otro cuento que no recuerdo el nombre, pensé que podía ser venganzas pero no era)

Tranquila, no es muy grave lo que pasó. Solo que tengo una bronca guardada, no sé porque a estas alturas me parece necesario revivir, después del funeral, nuestro pasado. O más bien, nuestro comienzo, en fin, no quiero balbucear más. Vamos a los hechos. Y si no te molesta, un favor.  

¿Te acordás de esa novia que tenía Juan? ¿La última antes de mí? Aficionada de las plantas. Bueno. Yo sé que parte de lo que sucedió ahí seguro ya te lo imaginas porque formabas parte del hogar. De todas maneras, te refresco. Cuando Juan vuelve del campamento en el que se conocieron ella empezó a aparecer más. Si, a mi para ese entonces ya me gustaba. Era tedioso y molesto estar cerca de ella. Se la pasaba tocándose el pelo enmarañado que tenía. Creo que si entras ahí adentro no salís nunca más. Su manera de hablar, tan burda y simple, sin encontrarle la poesía a la vida, me entristecía. En fin, finalmente ella se va a Ginebra de intercambio y Juan queda solo ¿Pensás que estoy loca? Por supuesto que aproveche la situación. Cuando iba al trabajo pasaba por mi puerta y caminábamos juntos un rato. Él me contaba, que ella esto, que ella aquello. Que si las cartas. Ahí se me ocurrió. Y comencé a delimitar el plan. 

Yo sabía que, si el cartero pasaba por mi casa a las diez de la mañana, a las diez y diez iba a estar en la puerta de tu casa. En fin, llego el día de ejecutar el plan. A mí me venía como anillo al dedo porque tenía una cartera en forma de sobre y paseaba al perro justo por la puerta de tu casa. Además, no corría peligro porque cualquier vecino que pasaba me saludaba como si fuese de esa casa, vos durmiendo, seguro, juan y tus viejos, laburando. La cuestión es que yo pasaba por las mañanas, y una que otra carta me llevaba. A estas alturas dudo que esto te moleste, si vos también la odiabas. Me acuerdo perfecto las caras que ponías cuando aparecía con todos los ojos negros como si se hubiese convertido en un mapuche, que poca clase, y mira que yo soy pobre eh, pero así no te podés arreglar. Dios, qué épocas. 

Cuestión que mientras más cartas me guardaba mejor parecía congeniar con Juan. Era muy fácil que se olvidara de ella y de las cartas que parecían no tener sentido después de una o dos veces que yo me guarde alguna. El venía a mí, como una amiga, todo preocupado porque no entendía cuál era el problema, pero sentía que la pareja no estaba funcionando. Jugar el juego de la amiga te da facultades extraordinarias, entonces le salí con la de “si tienen problemas de comunicación, es mejor dejarse ir a este punto” y el muy boludo hizo tal cual. En ese entonces ella debatía, según él, quedarse dos años más o volver a la argentina. En ese momento yo lo mire y el ya sabía qué hacer. Lo nuestro fue rápido, no necesite mucho cortejo después de deshacerme de la colorada esta. La cosa es que empezamos a charlar más seguido, nos veíamos cuando yo te iba a visitar. De hecho, cuando nos juntábamos los tres por algún motivo siempre nos mirábamos fijo. Obvio que no te lo conté, es tu hermano, vos solo conoces lo que tus ojos te permitieron ver y lo que yo me permití contarte, antes de que dejaran de hablarle.  

Recién, después de dos años de aquellos hechos, cuando ya nos estábamos por casar, me acordé de todas las cartas. Amuchadas en mi cartera con forma de sobre en mi placard. Ese no podía ser un buen escondite. Entonces una tarde cualquiera, cuando se suponía que tenía que estar mirando revistas de salones o vestidos, encontré una caja de zapatos lo suficientemente grande para meter las cartas y lo deje en el fondo de mi sótano, cerrada con cinta scotch en cantidades industriales.  

No sé porque seguís insistiendo en que te cuente sobre mi relación con Juan. Bueno, tenes razón, es importante. La verdad te pido disculpas, viste como es una, se enamora y todas las amigas dejan de existir. Yo me sigo preguntando qué era eso que me quemaba el pecho, aquello que no me dejaba estar lejos de Juan por muchas horas. Era como un frisbee, él me soltaba para que sea libre, y yo volaba un rato, hasta que la misma composición de mi persona terminaba arrastrándose de vuelta a él y él me recibió con brazos abiertos. Siempre fue muy charlatán, yo mucha atención no le prestaba. Cuando la pareja habla de sus hobbies existe una cláusula para no prestar atención, al cabo que él tampoco me escuchaba cuando yo hablaba de Pizarnik, Negroni o Zambrano. Es más, recuerdo más de una vez que después del más hermoso sexo yo le recitaba algún poema que me sabía de memoria y cuando lo miraba, bien dormido estaba el tipo. Es un chiste, obvio que lo ame, lo amo todavía. Fue un gran compañero.  

Lo que sucedió con la colorada te va a interesar más. Yo y Juan nos casamos, todo hermoso, no te tengo que dar detalles, estuviste ahí. Después da un hermoso matrimonio llego el cáncer, como siempre, para arruinarnos la vida a todos. Te juro que yo sigo sin entender, a los suicidas, a los masoquistas, a todos esos no les cae ni una gota de mala suerte jamás. Ahora, a los que somos felices en pareja, tenemos futuro, queremos una vida mejor, nos cae un rayo especial de células malignas para matarnos a nuestros maridos y a nuestros sueños. Mira que yo creía en Dios, pero esta no se la perdono.  

Pongo el aviso en el diario sin esperar mucha revuelta, al fin y al cabo, quien lee un aviso fúnebre. Nadie. Ni se porque lo puse ahí, me hubiese ahorrado toda esta desidia. Hay un pequeño detalle que omití. Me da pudor contártelo por razones que ya sabes, siempre fui bastante íntima con mi vida sexual pero bueno aquí va. Juan lo hacía muy bien, todo lo hacía bien, lo único, siempre que terminaba, lanzaba un quejido como de un gato ronroneando o un microondas viejo: “Hmm”. Para, no te adelantes, ya vas a entender por qué te cuento esto. Y lo hacía seguido al “Hmm”, sí. Lo hacía siempre, se desperezaba y continuaba dándome placer a mí. Era magnífico, al principio fue raro, escucharlo. Pero, qué sé yo, cada quién tiene sus mañas.  

Pasa el funeral y yo que estaba destrozada ¿Viste cuándo ni las ganas de respirar, vivir, comerte un buen huevo frito a la mañana son suficientes para levantarte de la cama? Así. Des-tro-za-da. Un horror. Además, viste lo que dicen, si te sentís mal por dentro te ves mal por fuera. Un mamarracho yo. Decí que no tuvimos hijos porque el infierno que hubiese pasado esa criatura si me viese así. Menos mal digo yo. El quiso toda la vida. A mí la verdad me parecía una pérdida de tiempo. Me gustan los chicos eh, vos lo sabes. A tu nena la adoro, que me abrace, que me bese, pero tener que llevarme a mi casa y cuidarla, prefiero leerme un buen libro. Quizás leer tantas poetisas melancólicas me dejo como ese trauma. Siento que si tuviera un hijo no podría hacer todo de lo que ya hago. 

Bueno, basta de palabrería. Un día, un miércoles creo que fue, no me acuerdo. Viste que desde la edición del libro este estoy hasta las manos. La autora quería que nos viéramos en un café a las ocho para discutir los cortes del primer capítulo y yo accedí. Volví a casa como quien se mete dentro de su ataúd para no despertar nunca más. Apenas pongo un pie en la cama suena el teléfono. Era tarde. Me asuste. ¿Quién corno podía ser? Por un momento esperé que fuese Juan, atender y que me conteste su voz. Que su muerte haya sido producto de mi imaginación. En fin, te imaginaras el susto que me pegué cuando atendí y no hablaba nadie. Yo decía “¿Aló?” y nadie respondía. Cuando estuve por sacarme de la oreja el auricular escuchó, igual que él, “Hmm”. Fantasmas pensé. Fantasmas por días. Estaba tan dolida y desorientada por el sufrimiento que empecé a confundir mi vida con la ficción. Por suerte mi terapeuta me dijo que es muy normal. 

Llego a un punto en el cual ya ni quería dormir adentro de la casa. Estaba espantada. Entonces me hice una pequeña valija y me fui a lo de mi hermana. Siempre me recibe bien, ella es como yo solo que nunca se casó. Pareja tiene, pero su compañera es de esas lesbianas resentidas con el matrimonio que prefieren que cada una tenga su casa y sus cosas, igual se ven seguido. Siempre que voy hay mucho vino y olor a gato, me encanta. Vive la vida que hubiese vivido yo si no me hubiese casado. No dormí ahí más de cuatro veces. Dejó de ser el miedo por los fantasmas y para la segunda noche ya era el dolor que me provocaba dormir en la misma cama en la que dormíamos con Juan. Lo que sucede es que una noche, muy borrachas, le cuento a mi hermana porque estoy ahí. Ella, claramente mucho menos cegada y más viva que yo, al instante saca la ficha. “Pero qué boluda que sos eh! ¡Debe ser alguna ex resentida que leyó el aviso en el diario!”, me sentí tan inútil en ese momento. ¿Cómo no lo había pensado? Su nombre entró directo en mi cabeza. Lo único que todavía no me cerraba era cómo había conseguido el número de mi casa. 

No importaba eso, lo que importaba era que claramente sabía. Por intuición o por otra vía, que yo había robado las cartas. ¿Tanto resentimiento tenés que guardar para hacerme esa mala jugada, después de la muerte de mi marido? Cualquiera en mi lugar hubiese hecho lo mismo. Los amores se conquistan. El terreno del amor es todo menos sereno, es una guerra de trincheras y el que se va, pierde. Tarde mucho más tiempo del que pensaba en admitir la derrota. La verdad es que ya estamos grandes. Ósea, yo entiendo que lo que hice no estuvo bien. Hay muchas cosas que hacemos por amor o por odio y después nos damos cuenta que no estuvo bien como actuamos. Pero vengarse así, después de tanto tiempo, después de que se haya muerto mi marido, eso es malévolo. No hay otra forma de ponerlo. Por eso esta historia. Por eso la derrota. Yo sé que vos sabes donde vive. Entiendo que nuestra amistad ya no sea la misma que en ese entonces, cuando éramos culo y calzón. Pero solo quiero terminar con esto, devolverle las cartas y que sea feliz. Sí total Juan ya descansa bajo tierra. Me sigo preguntando que buscaba ella con eso. Que se yo, hay gente que solo busca venganza. A mí la verdad nunca me hizo falta, soy más utilitaria. Si no voy a recibir algo más que un gustito en la panza, no me interesa. Por eso me robé las cartas, porque a cambio de eso tuve a Juan. Ella solo me quiere ver sufrir por lo que le hice. Bueno, que sepa bien que eso no va a pasar. Estaré dolida por la partida de Juan, pero por suerte me ocupe de formar una verdadera vida todos estos años, solo espero que ella también. Solo espero que con devolverle las cartas le sea suficiente, no tengo ningún tipo de interés con esa persona. 

Yo ya te lo dije mil veces, las puertas de mi casa siempre están abiertas para vos y tus viejos. Yo sé que lo que Juan les hizo no les gusto nada, pero yo no tengo la culpa de eso. Yo siempre los quise a ustedes con locura, desde piba que tú mama nos hacia esas chocolatadas en pleno invierno y se fumaba una caja entera hablando de distintos tipos de costura. Y Juan corriendo como un loco con el monopatín y el perro que lo perseguía, qué demonio que era...