Más veces que nunca me olvido de almorzar. El ramo de rosas en el jarrón de la esquina me pide que lo ahorque y lo coma. La heladera se angustia.
Odio que los objetos me hablen.
Me lavo el pelo con suspiros para no arruinarme las uñas pintadas de verde. Ella sabe charlarle a su estómago para que no grite tan seguido. Le escribe cartas: sin errores ortográficos.
En el taxi la lengua me baila entre las muelas y me chupo los pedacitos de vidrio entre los dientes para que sangren. Contra la calle negra la aguja de mi taco revienta grietas. Las vuelve agujeros, finos y exactos, donde hormigas huérfanas arman una casa.
Amo que los objetos me hablen.
Un viento sucio me tapa los oídos. Se enfría el piso de cerámica. Erré pensando que el labial me iba a durar todo el día. Para qué quiero un renglón si lo que digo no tiene línea.
El revés de tu puerta no tiene marcas, ni siquiera un cartel trucho de bazar barato. Cuando el sol me quemo vos estabas yendo para aeroparque.
Azafata de destino múltiple, ¿cuánto rechazó le tenes al suelo?
Apagué el velador demasiado temprano. Una moto estacionada en la entrada me pego un cachetazo. La cicatriz tiene la forma de un rayo.
Y yo que estoy tan deshecha que la curva se convirtió en esfera. Siempre quise un espejo vacío. Mi mama los tapaba todos.
¿Es verdad eso de que el mar se agranda llegando al horizonte? No veo más allá de mis pies clavados en la arena que me tensa los zapatos. El cordón se hunde y no lo encuentro ¡Me llama! Me pide que lo
l i b e r e
¿Acaso soy una tonta por resurgir de la pelusa más gris, del tomate más podrido?
Cuando la pulga pique en mi colchón el fuego me derretirá los pulmones.
La golosina de tu infancia es como una boda sin tortas ni flores.