miércoles, 14 de abril de 2021

Ceremonia Secreta

Tomábamos  ron con coca barato en un bar escondido en una galería. El único en el que nos permitían tomar alcohol. Ellos reían y contaban anécdotas del entrenamiento de rugby. Yo, la única mujer entre esa marea de camisas a cuadros, tomaba de la pajita y aprovechaba para mirarles a cada uno bien la cara. Paraba en la del muchacho que me gustaba, siempre vibraba por alguna y cada noche era uno distinto entonces nunca me molestaba en hacer un lance. Usaba un pintalabios violeta  del que ahora me daría vergüenza verselo a alguien mas y me sentía una cuarentona recien divorciada cazando a un ciervo asustado. Mis ojos se dispersaron entre el alcohol y los carteles neón que iluminaban pobremente al sucucho. Cada tanto levantaba la cabeza ante algún comentario cómplice que me hacían mis amigos cuando mi celular sonó y mi vista se mantuvo hacia abajo, contenida, hipnotizada por el brillo de mi celular.

  • ¿Vamos para tu casa?

Leía el mensaje. Con media sonrisa levanté rápidamente la cabeza y encontré sus ojos. Su mirada me devolvió la pauta de que no era un juego. El que yo había elegido, esa noche, Él, no cualquier otro, el. Por supuesto, éramos jóvenes y él todavía era virgen. A mi me hacía sentir poderosa saber que era yo la maestra de llaves de toda la situación. No solo de Él, sino de mi casa, mi cama, mis sábanas que dejaran el olor de la victoria que me llevaría esa noche. 

Fue pésimo. Tan pésimo que a pesar de todo, a pesar del ciego amor que le tenía le pedí que se fuera. Mantuvimos una amistad sin demasiados conflictos y otros encuentros más. Nunca le dije cómo me sentía, siempre jugaba a ser la desinteresada. 

La semana pasada lo volví a ver, después de tantos años. Sus lanas rubias seguían intactas y finas cayendo por el costado de sus hombros escuálidos que sostenían una campera uniqlo. Su cara seguía casi igual, con los rastros de su acné adolescente y los brackets de los cuales no pude asegurarme si seguía teniendo o no. Nos ignoramos, estuvimos petrificados los tres minutos que el semáforo se mantuvo en rojo. Cuando empezamos de nuevo el camino, yo pegue saltitos para pasarlo y que disfrutara ver mi majestuoso culo una última vez. 


miércoles, 31 de marzo de 2021

LIMPIANDO LOS TENEDORES DE MI CASA


“Lunes 22/02 de 2020 veintidós treinta de la noche. Estrellada y calurosa la temperatura se mantendra en 30 grados centígrados toda la noche y aqui estaremos en star efe eme para seguir acompañándote con los mejores clásicos”

se esto porque lo escuche en la radio 

hace seis meses no me baño


hace seis meses estoy limpiando los tenedores de mi casa

porque no empiezo otra tarea sin antes terminar otra


me trueno los dedos para disimular el cansancio:

grito para ver si mis vecinos me escuchan

¿PORQUE ES TAN TERCA LA NOCHE QUE NO AMANECE ANTES QUE SALGA EL SOL?


Ahí

en la esquina donde se rompe mi visión perimetral

caen las gotas de la humedad que habita mi techo.

Tengo sed. Me hidrato falsamente de las gotitas que caen, me alimento de las sobras que guarde bajo mi uña.

Frente sudada, dedos cortaditos a cuchillo de los que

brotan semillas que siembran la bacha

me atraganto con la esponja

la meto en MI boca porque no debo hablar mas de la cuenta. 


Mis pies son pantano 

por los costados sube el olor a barro y lavandina

 la mugre mezclada con la intención 

de que estes aca

fregando cual maniático el piso 

abroquelado.

Si pido perdón, miento

si doy las gracias, vomito. 


Si dejo de fregar,

        ¿dejara mi cuerpo de funcionar cual

        motor perfecto que solo sabe cumplir su tarea única?

Si me cuestiono un poco mas, 

                                ¿se calmara mi ansia de seguir existiendo en este estado tan paciente y putrefacto?

¿Vendrá ese hombre que conocí la semana pasada a tocarme la puerta y sacarme de este monologo interno que me acomoda entre la muerte y la existencia? 

¿Merezco soñar estas premoniciones tan osadas?

Digo la muerte porque pido la muerte. Pido la muerte en vida. O cualquier cosa que se parezca a ella. Pido vivir en un presente transparente, carente de color. Despido la vida, 

despido esta piel que ya esta arrugada

rendida bajo telas blancas

intento señales de humo por el balcon y suena la alarma de incendios

se frena la alarma se frena -de a poco- el latido en mi pecho

me rindo

se rinde ante mi el silencio que habita

sonrio me caigo y

todo se vuelve negro.