Analizo entonces, que es aquello que tiñe los cielos ¿Es mi agonía, la que en un cielo azul solo puede ver un baño de sangre? ¿Es la tumba en chacarita, marcada con mi nombre, esperando paciente?
Los tiempos me apuran y yo dije que se apaguen todos los relojes. Que se apaguen todos los relojes. Camino entre la ciénaga y se me atascan los pies. Ya lo he perdido todo intentando no perder lo esencial ¿Pero acaso algo lo es? Mi deseo se entremezcla con las ocho pastillas que desayune. Descalza sin pies camino la vereda adoquinada... quien habra tenido la pasión de colocar este suelo, que hoy me contiene de la suspension sin sentido ¿Donde se encuentran las almas que me liberarán del castigo?
Cuando levanto la cabeza veo los mausoleos asomándose.
Escucho el coro de fantasmas entre cuervos que pican sus cenizas. En los ataúdes y en las flores -marchitas o frescas- veo reflejado el seno de mi dolor.
Acecho con ojos perdidos a los intrusos de mi paraíso fragilísimo.
De noche me visto de muerta. Hablo sola. Sumergida en el silencio que otorga la palabra. Reviento de sal mis heridas, que aúllan de placer moribundo. Los gatos hambrientos se alimentan de mi carne. ¿Enamorada de la muerte?
La muerte da vida y la vida se detiene. Vacía de sabor y sentido en un acto paradójico que la llena de todo eso que no es vida. La muerte liberada del morir. Enamorarse de un final.
El tiempo gira en un circulo perfecto cuya área se expande sobre el espacio.
Es un tiempo inestable que dura de segundos a años en una medida que mi lenguaje no puede nombrar.
Mis labios secos se parten con cada beso que doy a tu cuerpo helado. Duermo incauta hasta que otro muerto me invite a jugar de su lado.
¿Y cuantos centenares de años hace que estoy muerta y te amo?